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Moda juvenil

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EL ESTILO EN RELACION CON LAS “CULTURAS JUVENILES”

 Se sabe que uno de los causantes de la generación de estilos o modas es la pertenencia a grupos sociales mayoritariamente de jóvenes, para explicar por qué estos grupos tienden a crear patrones de conducta, es necesario conocer el verdadero significado de “culturas juveniles”, nombre que se les ha dado.


El concepto de Culturas Juveniles: * Las culturas juveniles son la forma en la que los jóvenes expresan grupalmente sus experiencias sociales, fundamentalmente en el tiempo libre o de actividad no institucional. Se define la aparición de “micro sociedades juveniles”, con cierta autonomía, con espacios y tiempos propios y con desarrollo histórico. Son culturas subalternas ya que los jóvenes tienen escaso control de la mayor parte de aspectos de su vida, y están sometidos a la tutela de instituciones adultas, siendo esta una condición transitoria, ya que los jóvenes se convierten después en adultos. La articulación social de las culturas juveniles puede abordarse desde tres escenarios (Hall y Jefferson, 1983): a) La cultura hegemónica: Se da por la relación de los jóvenes con la cultura dominante y las instancias en las cuales este poder se transmite (escuela, ejército, órganos de control social, entre otras). Dichas relaciones pueden ser de integración o de conflicto. b) Las culturas parentales: Se definen fundamentalmente por identidades étnicas y de clase, refieren las normas de conducta y los valores vigentes en el entorno social de los jóvenes. No se limita a relaciones padres - hijos sino a un conjunto más amplio de interacciones cotidianas entre miembros de generaciones diferentes, en el seno de la familia, el vecindario, la escuela local, las redes de amistad, las entidades asociativas, etc. Mediante la socialización primaria, el joven interioriza elementos culturales básicos (uso de la lengua, roles sexuales, formas de sociabilidad, comportamiento no verbal, criterios estéticos, criterios de adscripción étnica, etc.) que luego utiliza en la elaboración de estilos de vida propios. c) Las culturas generacionales: Refieren la experiencia que los jóvenes adquieren en espacios institucionales (la escuela, el trabajo, los medios de comunicación), de espacios parentales (la familia, el vecindario) y sobre todo de espacios de ocio (la calle, el baile, los locales de diversión). En estos ámbitos, el joven se encuentra con otros jóvenes y empieza a identificarse con determinados comportamientos y valores, diferentes a los vigentes en el mundo adulto.

Las culturas juveniles no son homogéneas ni estáticas: los intercambios entre los diversos estilos son numerosos. Los jóvenes no acostumbran a identificarse siempre con un mismo estilo, sino que reciben influencias de varios, y a menudo construyen un estilo propio. Todo ello depende de los gustos estéticos y musicales, pero también de los grupos primarios con los que el joven se relaciona. A un nivel más operativo, las culturas juveniles pueden analizarse desde dos perspectivas: a) En el plano de las condiciones sociales, entendidas como el conjunto de derechos y obligaciones que definen la identidad del joven en el seno de una estructura social determinada, las culturas juveniles se construyen con materiales provenientes de las identidades generacionales, de género, clase, etnia y territorio. b) En el plano de las imágenes culturales, entendidas como el conjunto de atributos ideológicos y simbólicos asignados y/o apropiados por los jóvenes, las culturas juveniles se traducen en estilos más o menos visibles, que integran elementos materiales e inmateriales heterogéneos, provenientes de la música, el lenguaje, las prácticas culturales y las actividades focales. Estos estilos tienen una existencia histórica concreta, son a menudo etiquetados por los medios de comunicación de masas y pasan a atraer la atención pública durante un período de tiempo, aunque después decaigan y desaparezcan.

  • Resumido de: Feixa, Carles. De Jóvenes, bandas y tribus. Antropología de la juventud, Capítulo III. Editorial Ariel, S.A. Barcelona, 1999. pp.84-105. Publicado a su vez en www.cholonautas.edu.pe / Biblioteca Virtual de Ciencias Sociales.

 Entendido el concepto de “culturas juveniles” se puede analizar su relación con el estilo: Culturas juveniles y estilo Las subculturas podrían no haber existido si no se hubiera desarrollado un mercado de consumo específicamente dirigido a los jóvenes. Las nuevas industrias juveniles aportaron los materiales brutos, los bienes, pero no consiguieron -y cuando lo intentaron fracasaron- producir “estilos” auténticos, en su sentido más profundo. Los objetos estaban allí, a su disposición, pero eran usados por los grupos en la construcción de estilos distintivos. Esto significó, no simplemente tomarlos, sino construir activamente una selección de cosas y bienes en el interior de un estilo, lo cual implicó a menudo subvertir y transformar estos objetos, desde su significado y usos originales, hacia otros usos y significados (Clarke, 1983: 54). Tras analizar las condiciones sociales que constituyen la infraestructura de las culturas juveniles, es preciso diseccionar las imágenes culturales con que éstas se presentan en la escena pública. Para ello retomaremos más detenidamente el concepto de estilo. El estilo puede definirse como la manifestación simbólica de las culturas juveniles, expresada en un conjunto más o menos coherente de elementos materiales e inmateriales, que los jóvenes consideran representativos de su identidad como grupo. La mayoría de grupos juveniles comparten determinados estilos, aunque éstos no siempre sean espectaculares ni permanentes (puede hablarse también de estilos individuales, en la medida en que cada joven manifiesta determinados gustos estéticos y musicales y construye su propia imagen pública). Sin embargo, los que aquí nos ocupan son sobre todo aquellos que se manifiestan de manera espectacular en la escena pública y que presentan una trayectoria histórica precisa. En este sentido, corresponden a la emergencia de la juventud como nuevo sujeto social y se basan en la difusión de los grandes medios de comunicación, de la cultura de masas y del mercado adolescente. Para Clarke (1983), la generación de un “estilo” no puede entenderse como un fenómeno de moda o la consecuencia inducida de campañas comerciales. El tratamiento son organizados de una manera activa y selectiva, en cómo son apropiados, modificados, reorganizados y sometidos a procesos de resignificación. Las diversas subculturas juveniles se han identificado por la posesión de objetos: la chamarra de los teds, el cuidado corte de pelo de los mods, las botas y el pelo rapado de los skinheads, etc. Sin embargo, a pesar de su visibilidad, las cosas simplemente apropiadas o utilizadas por sí solas no hacen un estilo. Lo que hace un estilo es la organización activa de objetos con actividades y valores que producen y organizan una identidad de grupo. Todo ello demuestra, como ya había apuntado Monod, lo simplista que es responsabilizar al mercado de la aparición de “estilos” juveniles:

Los accesorios en el vestir tuvieron el papel de “mediadores” entre los jóvenes y sus ídolos, favorecieron por homología y al mismo tiempo por contigüidad su “identificación”; y cumplieron además la función de un lenguaje simbólico inductor de la comunicación de los fieles. Por ello, decir estilo, género o moda, es decir demasiado poco. Se trata de un sistema integrado de comunicación infraverbal. O sea: de una cultura (Monod, 1971: 141).

Para analizar cómo se construye un estilo pueden utilizarse dos conceptos de la semiótica: A) EL CONCEPTO DE BRICOLAJE sirve para comprender la manera en que objetos y símbolos inconexos son reordenados y re contextualizados para comunicar nuevos significados. Se trata de un concepto que Lévi-Strauss (1971) aplicó al “pensamiento salvaje”, refiriéndose a un sistema total de signos compuesto por elementos heteróclitos que provienen de un repertorio ya existente: El bricoleur es capaz de ejecutar un gran número de tareas diversificadas, pero a diferencia del ingeniero, no subordina ninguna a la obtención de materias primas y herramientas: su universo instrumental está cerrado y sus reglas del juego consisten en arreglarse con los medios de a bordo, es decir, un conjunto finito de herramientas y materiales, heteróclitos por demás, porque la composición del conjunto no está en relación con el proyecto del momento, ni de hecho con ningún proyecto particular, sino que es el resultado contingente de todas las ocasiones que se han presentado para renovar o enriquecer el estoque o de mantenerlo con residuos de construcciones y deconstrucciones anteriores (Lévi-Strauss, 1971: 35-36).

En el caso de los estilos juveniles, esta resignificación se puede alcanzar por medios diversos. Una manera consistió en invertir los significados dados, combinando, en un código diferente o secreto, generado por la misma subcultura, objetos tomados prestados de un sistema previo de significados (véase, por ejemplo, el uso de las cruces gamadas por parte de los punks). Otra manera consistió en modificar objetos producidos o usados anteriormente por otros grupos sociales (véase, por ejemplo, la utilización del vestido eduardiano por parte de los teds). Otra manera consistió en exagerar un significado dado (véase, por ejemplo, la “fetichización” de la apariencia por parte de los mods). Y también la de combinar formas de acuerdo con un lenguaje o código “secreto”, la clave del cual sólo la poseen los componentes del grupo; por ejemplo, el lenguaje rasta de los rudies afrocaribeños (Clarke, 1983: 177).


B) EL CONCEPTO DE HOMOLOGÍA remite a la simbiosis que se establece, para cada subcultura particular, entre los artefactos, el estilo y la identidad de grupo. El principio generativo de creación estilística proviene del efecto recíproco entre los artefactos o textos que un grupo usa y los puntos de vista y actividades que estructura y define su uso. Esto identifica a los miembros de un grupo con objetos particulares que son, o pueden hacerse, “homólogos” con sus intereses focales. Willis (1978) señala, por ejemplo, la clara homología existente entré- el intenso activismo, identidad de grupo, rechazo a la introspección, amor a la velocidad y al alcohol de los motor-bikers, y su pasión por el primitivo rock & roll. O la que se da entre la dejadez, la laxa afiliación grupal, el gusto por la introspección, el amor a las drogas “perceptivas” de los hippies y su música preferida (rock californiano, psicodelia, etc.). La adopción de las botas, los pantalones vaqueros y el corte de pelo de los skinheads era “significativa” estilísticamente porque estas manifestaciones estaban en sintonía con las concepciones skins de “masculinidad”, “dureza” y “obrerismo”. Los nuevos significados surgen porque los “fragmentos” dispersos de que se componen, tomados de aquí y de allá, se integran en un universo estilístico nuevo, que vincula a objetos y símbolos a una determinada identidad de grupo (Hall y Jefferson, 1983: 53). ¿Qué elementos integran el repertorio del bricoleur? En su último libro (Common Culture, 1990), Willis analiza las formas de creatividad simbólica de los jóvenes en la vida cotidiana. El autor descubre las múltiples e imaginativas vías mediante las cuales los muchachos usan, humanizan, decoran y dotan de sentido a sus espacios vitales y a sus prácticas sociales: el lenguaje, la producción y audición de música, la ornamentación corporal, el uso activo y selectivo de los medios audiovisuales, la decoración de la propia habitación, los rituales del noviazgo, el juego y las bromas con los amigos, las rutas de ocio, el deporte, la creatividad artística, etc. Lejos de ser algo arbitrario, la búsqueda de expresividad cultural en estos ámbitos microsociales, en una era de crisis económica y de valores, puede ser crucial en la recreación de las identidades individuales y colectivas de los jóvenes. Así pues, la noción “cultura corriente” resalta el papel de los jóvenes como activos productores de cultura, y no sólo como receptores pasivos de la cultura institucional y masiva (Willis, 1990: 2). El estilo constituye, pues, una combinación jerarquizada de elementos culturales (textos, artefactos, rituales), de los que pueden destacarse los siguientes: a. Lenguaje. Una de las consecuencias de la emergencia de la juventud como nuevo sujeto social es la aparición de formas de expresión oral características de este grupo social en oposición a los adultos: palabras, giros, frases hechas, entonación, etc. Para ello los jóvenes toman prestados elementos de sociolectos anteriores (habitualmente de argots marginales, como el de la droga, el de la delincuencia y el de las minorías étnicas), pero también participan en un proceso de creación de lenguaje. El uso de metáforas, la inversión semántica y los juegos lingüísticos (como el verlan: cambiar el orden de las sílabas) son procedimientos habituales. A veces los argots juveniles abarcan amplias capas de la población (como sucedió con el lenguaje del rollo de la Barcelona de los setenta o el lenguaje pasota de la movida madrileña). Otras veces son lenguajes iniciáticos para colectivos más reducidos que después se difunden. En cualquier caso, el argot de cada estilo refleja las experiencias focales en la vida del grupo (los términos turn on, tune in y drop out expresaban una determinada visión de la vida y del mundo). Las frases hippies constituyen una jerga compleja, obtenida eclécticamente de la cultura de los negros, del jazz, de las subculturas de homosexuales y drogadictos, del lenguaje idiomático de la calle y de la vida bohemia (Hall, 1977: 15; Rodríguez, 1989; Hernández, 1991).

b. Música. La audición y la producción musical son elementos centrales en la mayoría de estilos juveniles. De hecho, la emergencia de las culturas juveniles está estrechamente asociada al nacimiento del rock & roll, la primera gran música generacional. A diferencia de otras culturas musicales anteriores (incluso el jazz), lo que distingue al rock es su estrecha integración en el imaginario de la cultura juvenil: los ídolos musicales “son muchachos como tú”, de fu misma edad y medio social, con parecidos intereses. Desde ese momento, la música es utilizada por los jóvenes como un medio de autodefinición, un emblema para marcar la identidad de grupo. Fueron sobre todo los mods los primeros que usaron la música como un símbolo exclusivo, a través del cual distinguirse de los jóvenes conformistas: la música está en la base de la conciencia, creatividad y arrogancia. La evolución de las sübculturas se asocia a menudo a tendencias musicales: Elvis y los teds, los Who y los mods, el reggae y los rastafarianos, el folk, la psicodelia y los hippies, los Sex Pistols y los punks, Public Enerny y los rappers, Iron Maiden y los heavies, etc. Aunque otras veces la identificación entre música y estilo sea menos evidente: mientras los primeros skinheads eran partidarios del ska, con posterioridad surgió la oi music, y en la actualidad no existe una única tendencia musical que los identifique como grupo. Es importante señalar que la mayor parte de los jóvenes hacen un uso selectivo y creativo de la música, que escuchan en la radio, CD’S o asistiendo a conciertos.

c. Estética. La mayor parte de los estilos se han identificado con algún elemento estético visible (corte de pelo, ropa, atuendos, accesorios, etc.): el tupé y la cazadora de los rockers, los trajes a medida de los mods, la cabeza rapada y botas militares de los skinheads, los vestidos floreados y las melenas de los hippies, el dreadlock (cabellos largos y trenzados) de los rastas, los alfileres y mohicanos de los punks, etc. Pero no deben confundirse las apariencias con los actores: raramente se trata de uniformes estandarizados, sino más bien de un repertorio amplio que es utilizado por cada individuo y por cada grupo de manera creativa. Lo que comparten la mayoría de los estilos, eso sí, es una voluntad de marcar las diferencias con los adultos y con otros grupos juveniles. Aunque los accesorios se consigan a menudo en el mercado, otras veces son producidos artesanalmente por los propios jóvenes, e incluso se consiguen en circuitos comerciales alternativos generados por las subculturas (como los drugstores y puestos callejeros hippies.). Aunque sólo una pequeña minoría de jóvenes adoptan el uniforme completo de los estilos, son muchos los que utilizan algunos elementos y les atribuyen sus propios significados. Algunos estilos subculturales se convierten en fuente de inspiración para el conjunto de los jóvenes, marcando las tendencias de la moda de toda una generación (como sucedió con algunos elementos de la moda hippy y del punk). Pero la universalización del estilo es sin duda un arma de doble filo, porque facilita su apropiación comercial, que lo descarga de cualquier potencial contestatario (Clarke. 1983: Delaporte. 1982: Willis, 1990

d. Producciones culturales. Los estilos no son receptores pasivos de los medios audiovisuales, sino que se manifiestan públicamente en una serie de producciones culturales: revistas, fanzines, grafitis, murales, pintura, tatuajes, vídeo, radios libres, cine, etc. Estas producciones tienen una función interna (reafirmar las fronteras de grupo) pero también externa (promover el diálogo con otras instancias sociales y juveniles). Para ello aprovechan los canales convencionales (medios de comunicación de masas, mercado) o bien canales subterráneos (revistas underground, radios libres). Una de sus funciones es precisamente invertir la valoración negativa que se asigna socialmente a determinados estilos, transformando el estigma en emblema: las marcas del grupo encontradas a través del estudio de los diferentes productos comunicacionales se constituyen en resistencia a la descalificación. Los ejemplos más espectaculares son los grafitis neoyorkinos, los murales cholos, y los fanzines, que se han convertido en emblema de una cultura juvenil internacional-popular (Reguillo, 1991; Urteaga, 1995).

e. Actividades focales. La identificación subcultural se concreta a menudo en la participación en determinados rituales y actividades focales, propias de cada banda o estilo: la pasión por las scooter de los mods, el partido de fútbol de los skinheads, el consumo de marihuana de los hippies. Habitualmente, se trata de actividades de ocio. La asistencia a determinados locales (pubs, discotecas, bares, clubes) puede determinar las fronteras estilísticas. A veces estas actividades focales se confunden con el estilo mismo: skaters, breakers, graffers, taggers, etc. (Flores, 1986; Hall y Jefferson, 1983).


Para acabar, es preciso recordar que los estilos distan mucho de ser construcciones estáticas: la mayor parte experimentan ciclos temporales en que se modifican tanto las imágenes culturales como las condiciones sociales de los jóvenes que los sostienen. Su origen suele deberse a procesos sincréticos de fusión de estilos previos; a continuación experimentan procesos de difusión en capas sociales y territoriales más amplias que las originales, así como de fisión en tendencias divergentes; también padecen procesos de etiquetaje por parte de los medios de comunicación, que los presentan en forma simplificada apta para el consumo de masas, así como de los agentes del control social, que los asocian a determinadas actividades desviadas. Pueden experimentar períodos de apogeo, de reflujo, de obsolescencia e incluso de revitalización (revivals). Pero en la mayoría de los casos, su vida acostumbra a ser corta, y no influye en más de una generación de jóvenes. En el proceso, la forma y los contenidos originales pueden experimentar diversas metamorfosis (véase, por ejemplo, la apropiación del estilo skinhead por parte de grupos neonazis, o el revival mod protagonizado por jóvenes de la clase media). Así pues, no puede hablarse de un estado “auténtico” en que el estilo no estaría contaminado, puesto que desde su origen la creación estilística es sincrética y multifacética.

  • De: Feixa, Carles. De Jóvenes, bandas y tribus. Antropología de la juventud, Capítulo III. Editorial Ariel, S.A. Barcelona, 1999. pp.84-105. Publicado a su vez en www.cholonautas.edu.pe / Biblioteca Virtual de Ciencias Sociales



MODA, IDEALES, Y MUSICA.


En el caso de los ideales filosóficos, políticos o sociales los jóvenes buscan representar físicamente su “lucha” y su cuerpo es el primer espacio del que se apropian, lo enmascaran, ya que es su primer conquista, su primer territorio ganado. A partir de la representación corporal los jóvenes se comunican y se expresan buscando el reconocimiento de su existencia y de su identidad.

Todo se da cuando un sonido o una imagen impactan al joven, eso lo lleva a buscar más imágenes y sonidos con los que se identifique. Esto hace que sus gustos cambien y esa es la primera ocupación del cuerpo, que empieza a ser el medio para identificarse con otros jóvenes.

El joven recorre los procesos comunicativos de cada experiencia que vive, desde lo más simple a lo más complejo, de las simples acciones y movimientos a la expresión verbal. Por eso, al tener control de su cuerpo se vale de su principal forma orgánica de expresión: la voz. A partir de la vibración sonora del cuerpo, como puente entre lo interno y lo externo, expresa su condición; este acto comunicativo inicial, que se va convirtiendo al mismo tiempo en imagen, genera el gran ritual de representación del espacio y del tiempo para el joven: la música.

A partir del nacimiento del rock n’roll la música empezó a ser utilizada por los jóvenes como un medio de autodefinición, un emblema para marcar la identidad de grupo y para expresar las ideas del mismo. La cantidad de géneros musicales derivados del rock primigenio es tan variada como la cantidad de grupos de jóvenes que se sienten atraídos e identificados con ellos, pero esto no quiere decir que esta cualidad sea exclusiva; varios géneros musicales parcial o totalmente desligados del rock son emblemas de la juventud y sirven como medio para expresar sus ideales.

Es así que se generan agrupaciones de jóvenes, quienes se identifican uno con los otros integrantes de la misma, y que se valen de la expresión corporal tanto física como ideal y sonoramente para definir su identidad.

Las páginas siguientes están dedicadas a conocer un poco de algunos de esos diferentes estilos y el significado de los elementos que lo conforman.




METAL


GLAM METAL:

Podría describirse como el “estilo” más escandaloso y estético del Metal, ya que la apariencia Glam es bastante femenina, cargada de maquillaje, colores y  ropa extravagante, haciendo alusión a la época de mas excesos, a las divas de los años 60’s, al glamour y a la moda. Los llamados “Glameros” suelen tener el cabello cortado en muchas capas y muy despeinado. Ropa colorida, rasgada, paños de colores colgando de cualquier parte, accesorios de cuero, cadenas, anillos, aretes largos, botas texanas o calzado femenino, en algunas ocasiones se usa maquillaje y se logra la     apariencia de una mujer, no pretendiendo ser una. A causa de la sensualidad, de la lujuria y la feminidad que caracterizan la ideología del hombre y la mujer Glameros(as), estos se han visto sometidos a las burlas y el rechazo de otros géneros del Metal, no por eso hay que restarle importancia, y hay que reconocer su papel, ya que fue el Glam quien elimino el machismo del Metal, dándole un gran protagonismo a la mujer.  

THRASH METAL: Musicalmente es un género derivado del speed metal (metal rápido). El Thrash trajo la agresividad al Metal, tiene una postura firme frente a temas políticos, crítica social, violencia, guerras, dicha agresividad se ve reflejada en sus seguidores, quienes normalmente tienen una apariencia agresiva y fuerte. Suelen usar prendas con diseños militares, botas militares, camisetas negras, brazaletes anchos, es común verles con barba y cabello largos. Ve el mundo de manera pesimista sus letras resaltan la parte más violenta de la sociedad. El Thrash es la base del Death Metal que es más pesimista y como su nombre (en inglés) lo indica toca temas de muerte y destrucción.

BLACK METAL: Es Metal con temática de ocultismo, satanismo, muerte y destrucción. Esto no indica (con algunas excepciones) que esa sea su filosofía de vida. Algunos integrantes de identifican con ideales fascistas, homofóbicos, o anticristianismos, le cantan a los ambientes y dioses nórdicos. Este subgénero es el que ha creado entre la sociedad el estereotipo de que el metal es satánico. No se ha de confundir: tan sólo el Black metal -y no necesariamente todos los grupos- tienen líricas anti-iglesia, satánicas y demás; que muchas veces tan solo se usa como ambientación o metáfora, no como parte de un culto

La ropa característica de los “Blackeros” es negra, muchos taches, puntas metálicas, brazaletes anchos, chaquetas de cuero, botas de doble o triple suela, cabello idealmente liso y muy largo, las mujeres ocasionalmente usan vestidos largos y suelen usar base blanca y ojos muy oscuros. Para conciertos les gusta  pintar sus rostros con blanco y negro, lo que les otorga una imagen más ruda e intimidante. 

LA MODA DE LAS MASAS.

El seguimiento de una moda, no se da solo por grupos con identidad musical e ideológica; también se presenta en las personas que no pertenecen a ningún tipo de conjuntos ni subculturas, y hace parte del vivir de personas como amas de casa, trabajadores, estudiantes y demás. Aunque en este caso la moda también afecta primordialmente la manera de vestir, su cambio no es tan lento como en los grupos juveniles que poco a poco van añadiendo elementos a sus atuendo, sino que se da más rápido y da paso a la creación de “temporadas” de no más de un año de duración, durante las que se imponen prendas, calzado, peinados y accesorios con características específicas. Es así que se habla de lo que está o no de moda para referirse a los elementos que están o no en uso en determinado tiempo. Es un hecho que la moda comporta y configura actitudes sociales a lo largo del tiempo y actualmente la sociedad de consumo busca adaptarse a una homogenización de gustos, costumbres, anhelos, y hasta pensamientos. Todo esto para alcanzar un ideal estético y estar a la vanguardia. Existen ciertos parámetros estético-sociales que diferencian a las distintas sociedades y a sus habitantes. Sin embargo, cada quien escoge la manera como quiere y desea lucir. El hecho de que varias o muchas personas se inclinen por un estilo en determinada época depende de varios factores. 1. El superyó Moderno: En el psicoanálisis se conoce al “superyo” como una de las tres instancias de la mente humana, junto al ello y el yo; se desarrolla a medida que el la persona adopta gradual e inconscientemente los valores y normas, primero de los padres y después del entorno social. Según el psicoanálisis freudiano contemporáneo, el superyó engloba entre otras cosas el yo positivo (yo ideal o autoimagen consciente) que cada individuo desarrolla. En la sociedad actual el Superyo se presenta con la forma de deberes de celebridad, de éxito que de no realizarse, causan una crítica implacable contra el Yo. Esto explica la fascinación que los famosos ejercen sobre un público, y que gracias a los medio masivos aumentan los sueños narcisistas de las personas normales, que empiezan a rechazar su vida cotidiana, a identificarse con celebridades y a tratar de imitarlas. Las personas son motivadas a adquirir objetos, no por su beneficio o uso, sino por obtener una especie de rango o posición social, de esta manera el estilo de una persona no consiste solo en su propia imagen, sino en la imagen del producto vendible que quiere llegar a ser. 2. La publicidad: Está muy relacionada con la moda, ya que crea en los consumidores potenciales necesidades artificiales que llevan al consumo. La publicidad ataca de la misma manera a hombres y mujeres, y se vale de los medios masivos de comunicación para lograr su objetivo. Crear necesidades artificiales es, inducir a las personas a que adquirir determinadas piezas y marcas de moda, las cuales no son requeridas ni necesarias para ellos. Muchas veces el entorno o la interacción social con otros, hace que las personas se vean, prácticamente, forzadas a adquirir determinado objeto material, por el simple hecho de que está a la moda. Esta sociedad, indudablemente, es víctima de la compra compulsiva de bienes materiales, unos necesarios, otros no, ya que vivimos en un tiempo mayormente visual, donde las imágenes hablan y se venden por sí solas.

...”Los medios de comunicación y, particularmente, el discurso publicitario ofician de escenario central en el juego del consumo. La narración publicitaria apuesta a la personalización como estrategia de consolidación del consenso societario: Es el sistema de personalización, de diferenciación forzad. La publicidad le permite al sujeto ser autónomo y pleno. Los medios recrean espacios de deseo en los que Narciso encuentra pequeñas utopías. En éstas, él se ve, sencillamente, reflejado.. Los spots publicitarios (pequeñas fábulas donde el goce y el deseo realizado se dan mágicamente la mano) son el terreno idóneo para la puesta en escena de una ética hedonista. En ella, se gesta óptimamente el reinado omnímodo del placer narcisista. Los medios se constituyen en la pasarela privilegiada para la escenificación de este juego de consumo masivo; para este teatro espectacular de formas y máscaras en constante ebullición mercantil”...


3. Influencia Extranjera: La principal influencia extranjera de la moda ha sido la anglosajona. Los Estados Unidos han sido muy efectivos a la hora de difundir su cultura. El primer gran medio que usó esta nación fue la industria del cine, luego la televisión. Estados Unidos ha tenido y tiene mucho impacto en la manera de vestir de los jóvenes y la masas en general, no solo en países menos desarrollados, sino también en grandes como Japón. La incidencia norteamericana en la moda fue la más rápida de la que ha habido jamás, y el peso del modo de vida norteamericano ha sido determinante y devastador en la diversidad cultural del mundo, sobre todo en la música, en el vestir y en la alimentación; su influencia y la de la moda en general se ve en la pérdida parcial o total de la diversidad cultural y de la expresión individual y personal.

4. Democratización de la moda Los grandes costureros y diseñadores ya no trabajan exclusivamente para la gente de alta alcurnia, sino que ahora trabajan por la existencia de una gran masa de consumidores que aman sus productos, por eso ahora los hijos de obreros o de campesinos pueden entrar fácilmente en la lógica y en la dinámica de la moda con el consumo de marcas específicas (un ejemplo claro puede ser converse). El mercado y las grandes industrias, debido a la globalización, tratan de homogenizar los gustos, necesidades, las costumbres y las más diversas inclinaciones de la gente. Esto es algo, aunque sea prácticamente inevitable, a lo que tenemos que oponernos. Existen rasgos culturales que nos son propios y que, a su vez, son definitorios de la fisonomía y del sentir de los pueblos del mundo. La pérdida de estos valores sería el lastimoso rechazo a nuestras más ancestrales costumbres, afortunadamente la sociedad tolera un cierto límite de innovación. Existen excepciones. Por ejemplo, un grupo de indígenas de Ecuador se viste igual: pantalón blanco, ruana azul y los hombres llevan, por lo general, clinejas y alpargatas negras. Ese es un código de indumentaria que nadie se atreve a modificar. Ellos están satisfechos con esa expresión. En la lógica mercantil, es mucho más barato comprarse una cosa ya hecha que mandarla a hacer.

Bibliografía:

 Resumido de:  Feixa, Carles. De Jóvenes, bandas y tribus. Antropología de la juventud, Capítulo III. Editorial Ariel, S.A. Barcelona, 1999. Pp.84-105.  Publicado a su vez en  www.cholonautas.edu.pe / Biblioteca Virtual de Ciencias Sociales.

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